DESENMASCARANDO LOS ESPIRITUS PARTE 1

DESENMASCARANDO
A
“LOS ESPÍRITUS AVIVADOS”
PARTE 1

Los espíritus de error que se manifiestan en la mayoría de iglesias de avivamiento y como identificarlos. 1 Juan 4:1.

Levantando manos, orando, gimiendo, llorando, aun gritando, todos a la vez, son acciones características de la inmensa mayoría de los pentecostales y carismáticos en todo el mundo. Atribuyen siempre estas manifestaciones al poder del Espíritu Santo, creyendo que él mora en ellos. A quien cuestione sus convicciones o ejecutorias le condenan con fiera indignación como 'blasfemo, hijo del diablo'. Pero, nos atrevemos a auscultar a los 'espíritus' que se mueven entre los pentecostales, pues el verdadero Espíritu Santo nos instruye: 'Probad a los espíritus, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo' (1 Juan 4:1).

Observaciones preliminares

Desde los primeros años del Siglo XX, los pentecostales, también conocidos comúnmente en algunos lugares como “avivados” o “aleluyas”, vienen efectuando, con extraordinario éxito, una campaña intensa de evangelización en casi todo el mundo. Su crecimiento numérico ha sido nada menos que fenomenal y tanto es su impacto en ámbitos religiosos-espirituales-morales-sociales-políticos que ahora se les considera una fuerza, al menos en algunos renglones, hasta mayor que el catolicismo o el protestantismo. Han corrido muy ligero, esparciendo la semilla de su doctrina a los cuatro confines de la tierra. Saliendo a la lucha con celo ardiente, han peleado bajo el estandarte del Espíritu Santo, reclamando en su nombre virtual inmunidad contra exámenes críticos.

Durante la década del año 1960 al 1970, el pentecostalismo recobró aún más fuerzas. Muchos líderes de las “iglesias muertas”, o sea, de las iglesias cristianas no avivadas, fueron conquistados y “convertidos”, aceptando y promoviendo vigorosamente la teología pentecostal acerca de la promesa y del bautismo del Espíritu Santo. Se formaron movimientos avivados (o carismáticos) dentro de iglesias tales como la Católica, la Episcopal, la Bautista y la Discípulos de Cristo. El brote de pentecostalismo dentro de referidas iglesias ha dado por resultado mucha confusión y disensión, creando conflictos y tensiones difíciles de resolver, desembocando en no pocas divisiones.

Lo sorprendente es que, al parecer, muy pocos predicadores, profesores religiosos o teólogos analizan bíblicamente al pentecostalismo. Hay infinidad de libros que promueven el pentecostalismo, pero muy pocos libros o escritos que lo someten a un riguroso escrutinio profundo. Si bien muchos líderes espirituales no lo abrazan públicamente, tampoco lo resisten o rechazan, dándole, en efecto, aprobación tácita. Sin duda, gran número lo considera un movimiento más que cuenta con la aprobación de Dios. Ya que respaldan la teología protestante de la multiplicidad de iglesias, sencillamente no se oponen al avance del pentecostalismo, a pesar de que esta nueva ola del cristianismo arrastre a sus propias congregaciones. ¿Saben que las iglesias pentecostales no se consideran “una iglesia más”, sino la única iglesia verdadera? Tal cual la Iglesia Católica Romana, se presentan como la única iglesia verdadera. Esta convicción los motiva a evangelizar no solo a las personas del mundo sino también a católicos, a protestantes y a todo miembro de toda iglesia cristiana por igual. El apóstol Juan exhorta que probemos a “todo espíritu”. (1 Juan 4:1) Al decir “todo espíritu”, se incluyen también a los espíritus en las iglesias de avivamiento, a quienes no debemos eximir de un análisis imparcial simplemente porque predican y vociferan incesantemente acerca del Espíritu Santo.

Estas personas reprochan severamente, con amenazas fuertes de blasfemia contra el Espíritu Santo, a cualquier persona que tenga la audacia de poner en tela de juicio su teología y práctica. Le gritan “hijo del diablo” o lo declaran “lleno de demonios”. Valiéndose de esta táctica, infunden miedo e intimidan a todos los que cuestionan la validez bíblica de sus profecías, sueños, visiones, lenguas y cultos alborotosos a Dios. Pero sus amenazas y denuncias, por fuertes que sean, no nos detendrán. Ya que el Espíritu Santo mismo nos autoriza a poner a prueba a todos los espíritus, no tememos cometer blasfemia al hacerlo en el caso de los espíritus en muchos pentecostales.

Por alguna razón, y pronto la identificaremos, que la gran mayoría de los ministros pentecostales no aceptan de buena gana el reto de corroborar la veracidad bíblica de sus propias doctrinas. Tal vez teman someter a prueba su doctrina. Parece que no se atreven a dudar, ni siquiera un poquito, de su autenticidad espiritual. Cuestionarla sería, según su modo cerrado de pensar, cometer el terrible pecado de blasfemar al Espíritu Santo. De manera que el pentecostal promedio vive su vida, rinde culto y sirve a su Dios, encerrado en un mundo aislado-espiritual, social, intelectual y doctrinalmente aislado. En ese mundo, velado celosamente y dominado por sus pastores, no hay libertad de investigación. Su rígida interpretación de la Biblia los líderes pentecostales la imponen con severidad en las congregaciones bajo su mando, no tolerando que ningún miembro la cuestione. Los pastores y los evangelistas pentecostales suelen ser de mentalidad intransigente, manifestándose renuentes al diálogo ameno sobre su fe y práctica. En muchos concilios, iglesias y movimientos pentecostales la palabra de los pastores y de los profetas avivados se tiene como infalible. De hecho, muchos líderes pentecostales se atribuyen la misma inspiración que tenían Pablo, Pedro, Juan y los demás apóstoles.

Quienquiera que tenga la temeridad de siquiera intimarle a un pentecostal que quizás haya en su religión creencias, doctrinas, interpretaciones, tradiciones y prácticas que carezcan de fundamento bíblico, se expone a una reacción bien agresiva, aun violenta. El pentecostal promedio suele responder a tal insinuación o crítica, gritando: “¡Blasfemia”! ¡Usted está blasfemando contra el Espíritu!” Se descontrola; se enfada. Su defensa más común es acusar a su “enemigo” de estar lleno de demonios. Piensa haber ganado la batalla al exclamar “¡Hijo del diablo”! No se da cuenta de que la suya es nada más que una estratagema evasiva psicológica, ni se percata, al parecer, de que sus acusaciones y sus griterías no representan defensa alguna de sus creencias.

Pues bien, pensamos que los avivados debieran tranquilizarse un poco, dejando de gritar “¡Blasfemo! ¡Endemoniado!” a todo aquel que no acepte su mensaje. Su deber es enfrentarse varonilmente a los que exigen que defiendan sus credos y prácticas, no con acusaciones pueriles que no resuelvan ningún conflicto doctrinal ni prueben nada, sino con hechos y argumentos irrefutables. No se ve bien de parte suya que sigan escudándose tras el personaje del Espíritu Santo. Nombrar o invocar al Espíritu Santo infinidad de veces no prueba que sus creencias y prácticas sean bíblicas, que tengan la aprobación del Espíritu de Dios. ¡Definitivamente, no lo hace! Al contrario, es preciso que encuentren apoyo claro e indiscutible en las Sagradas Escrituras inspiradas por el verdadero Espíritu de Dios.

Hemos sometido a prueba a estos espíritus, siguiendo la amonestación del Espíritu Santo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). Lo descubierto nos ha dejado atónitos y perplejos. Es penoso sacarlo a la luz, pero no hay, en realidad, otra opción aceptable. Enterrar estos hallazgos, sería actuar irresponsablemente ante Dios y los hombres que aman la verdad. Entre las multitudes que profesan la fe pentecostal hay muchas, muchas personas de buen corazón, incluso pastores, que buscan con sinceridad y honestidad a Dios, ardientemente deseando ser salvas. La intención es que estas almas sinceras, al leer lo que por medio de este estudio, no se escandalicen sino que encuentren el Camino, más seguro de salvación. Al haber comparado el camino erróneo con el camino espiritual trazado en el Nuevo Testamento, afirmamos, categóricamente, que hay un camino de salvación mucho más seguro del que el  siguen algunos de los avivados.

De pertenecer usted, estimado lector, a alguna iglesia o movimiento pentecostal, le rogamos, humildemente, que no se ofenda al considerar nuestros planteamientos, ni diga “el Señor reprenda al diablo”. Le rogamos que lea todo este estudio hasta el final. Su deber ante Dios es escudriñarlo todo, reteniendo lo bueno, refutando y desechando lo malo (1Tesalonicenses 5:21). El contenido de este mensaje le será, pensamos, muy inquietante y chocante. No tema. Léalo con calma; analícelo con imparcialidad. Hágalo, se lo suplicamos, aunque le cause muchos dolores en lo más profundo de su alma, aunque sufra mucha angustia mental. No permita que encierren su mente y espíritu en las celdas de prejuicios, egoísmo, intolerancia, fanatismo y orgullo religioso.

Tenga presente el hecho de que ningún hombre o mujer es infalible, no importa cuántas veces afirme estar bajo la influencia del Espíritu Santo. Todo ser humano puede equivocarse, ¡hasta el pastor que más Biblia sabe! Al tratarse de la persona, las obras, los dones y la enseñanza del Espíritu Santo, no existe maestro o predicador alguno totalmente exento de caer en errores. Aunque insista el cristiano tener al Espíritu en su corazón, cabe la posibilidad de que todo lo contrario sea la realidad. De hecho, quedará comprobado que algunos creyentes no siguen la Biblia ni siquiera en lo más fundamental, a pesar de que afirman con vehemencia predicar y obrar con el poder del Espíritu Santo. El que escribe no es infalible. A usted, estimado lector, le corresponde cerciorarse de la validez de sus argumentos y conclusiones.

Algunas verdades elementales

1. El Espíritu Santo ha revelado toda la verdad que se encuentra en la Biblia.
2. Por lo tanto, la Biblia es un libro inspirado mediante el cual se le comunica al hombre la voluntad completa y perfecta de Dios.
3. El Espíritu Santo no miente.
4. El Espíritu no tuerce nunca la Palabra de Dios.
5. El Espíritu Santo no se contradice nunca en sus revelaciones, ni tampoco contradice al Padre o al Hijo.

La gran mayoría de los pentecostales, quizás todos, dicen “Amén” a estas verdades. Dado que son verídicas tanto para ellos como para este servidor, si demostramos que la teología y la práctica avivada violan la revelación divina, completa y perfecta, del Espíritu Santo en la Biblia, quedará probado que la mayoría de las iglesias de avivamiento no andan conforme a la verdad de Dios. Lo podemos demostrar con pruebas abundantes e indisputables.

ERRORES en el CULTO AVIVADO

Empezamos con lo más sencillo, con lo que se puede palpar en todos los cultos avivados. Al entrar en cualquier lugar de reunión de los pentecostales, lo que más impresiona es el ambiente de confusión y de alboroto que prevalece.

-Comienzan orando todos a la vez en voz alta.

-Luego cantan coritos calientes “de fuego” (término inventado por ellos) al son de la música de panderetas, guitarras, baterías, maracas o cualquier otro instrumento que los miembros sepan tocar, palmoteando, meneándose.

-A medida que se desarrolla el culto, se incrementa notablemente el nivel de emoción, y algunos son movidos a danzar, otros a gritar, aullar, saltar, correr, tumbando bancas o sillas, dar pisadas duras o revolcarse en el suelo.

Se nos explica que los miembros adoran de tal manera porque el Espíritu Santo está presente y dirige, él mismo, todo lo que se hace, manifestándose de las maneras indicadas en los miembros de la congregación.

Todo cristiano bien instruido en la “sana doctrina” de la Biblia y sin prejuicios religiosos sabe que semejante culto el Espíritu Santo no lo ordena ni lo dirige personalmente porque constituye una violación patente del mandamiento encontrado en 1 Corintios 14:40, donde el mismo Espíritu exhorta que todo se haga “decentemente y con orden”. “DECENTEMENTE y con ORDEN.” ¿Capta usted, estimado lector, el significado de estas dos palabras sumamente importantes en el vocabulario del Espíritu Santo? ¿Figuran en su propio vocabulario espiritual?

¿Nos equivocamos al observar que no hay “normalidad” o “tranquilidad” en un culto avivado tipo pentecostal? No hay “correspondencia armónica de las partes” de acuerdo con las instrucciones del Espíritu Santo. Hay poca “organización” o “coordinación”. Por consiguiente, el Espíritu Santo no es el “espíritu” que se mueve en medio de tal culto.

El antónimo de “orden” es “desorden”.

-“Desorden. Confusión. Desbarajuste. Desconcierto. Falta de orden.” Perturbación del orden y disciplina de un grupo, de una reunión, de una comunidad de personas. (Diccionario RAE).

Lamentablemente, estos cuatro vocablos son los más acertados para describir el culto en la mayoría de las iglesias pentecostales: “Confusión, desbarajuste, desconcierto, desorden”. Por lo tanto, reiteramos: el Espíritu Santo no se mueve en tal culto.

Tenga presente, estimado lector, que el Espíritu Santo, siendo de la misma naturaleza de Jehová y teniendo el mismo criterio moral, es incapaz de contradecirse a sí mismo. Pues, al prohibir él mismo el alboroto y la confusión, como lo hace con tanta claridad en 1 Corintios 14:40, ¡es del todo imposible que incite o promueva lo que él mismo condena: el alboroto y la confusión característicos de los cultos pentecostales! El Espíritu Santo nunca se contradice. Es imposible que se contradiga. Para concluir, que el Espíritu Santo de Dios no es el autor o el instigador de las cosas extrañas que pasan en las reuniones de los pentecostales. Esta deducción es sencilla, fundamental y, de cierto, totalmente inevitable. He aquí una declaración axiomática: dondequiera que haya confusión y alboroto, el Espíritu Santo NO está presente. Cueste lo que le cueste a la mayoría de iglesias de avivamiento que andan en este desorden, aceptarlo, el Espíritu Santo no los acompaña en sus cultos, aseveración que expresamos sin acarrear el más mínimo peligro de blasfemar. No está presente; no los dirige. Lo hace otro “espíritu”.

También se plantea, para la consideración de los avivados, lo que dice el Espíritu Santo en 1 Corintios 14:33. Conforme al texto referido “nuestro Dios no es Dios de confusión sino de paz”. Querido lector, ¿se registra debidamente en su mente y alma el significado y la importancia de esta declaración? ¿Cómo es Dios? “No es de Dios de confusión.” Se deduce que Dios es ordenado, organizado y disciplinado. Tocante a estos atributos divinos, el Espíritu Santo no difiere en nada del Padre Dios. Es decir, el Espíritu Santo también es ordenado, organizado y disciplinado. Él no es un Espíritu de confusión y caos, sino de paz. Pues, él no es, ni puede ser jamás el “espíritu” que se da a conocer en los cultos avivados, ya que el espíritu de los avivados, sí, incita y promueve la confusión. De nuevo, amado lector, llegamos a la conclusión sencilla e incontrovertible de que la mayoría de iglesias de avivamiento caen en un error grave al creer que el Espíritu Santo sea la fuerza que se mueve en sus cultos de confusión y alboroto.

La consideración de otro factor igualmente importante para este estudio. El Espíritu Santo es un ser muy superior al hombre, más Inteligente que nosotros, más santo, más poderoso y de más dignidad. Cuerdo, racional, consecuente y responsable en sus actos y palabras, el Espíritu refleja la grandeza infinita de Dios por medio de un comportamiento siempre decoroso. Pregunta: ¿es razonable, es lógico que un ser celestial de carácter tan noble, disciplinado y organizado sea el autor de la confusión y del alboroto que reinan en los cultos avivados? No lo es ya que tales manifestaciones son incompatibles con el carácter y el proceder del Espíritu de Dios.

Además, es preciso tener presente que el Espíritu Santo enseña el “dominio propio” (2 Timoteo 1:7; 2 Pedro 1:6; 1 Corintios 14:9-40). Entonces, de producir él en nosotros los creyentes una excitación emotiva tan grande y fuerte que perdiéramos el dominio propio, ¿no estaría él obrando en contra de sí mismo? Sin duda, estaría violando los principios que él mismo expone, como también invalidando el don que él mismo otorga, el don del dominio propio. El Espíritu Santo no puede hacer semejante cosa. Por lo tanto, es imposible que él sea el espíritu que se mueve en los cultos alborotosos, ya que en estos los participantes suelen perder el dominio propio.

Quiera el Altísimo que al leer ustedes estas palabras no se enfurezcan ni pierdan la fe sino que razonen desapasionada y objetivamente. Está en juego la salvación de sus almas. Por su bien, no conviene que rechacen precipitada y terminantemente lo que, con amor, se les está señalando. Pueden gozar, de la plenitud del Espíritu, pero si se vuelven obstinados en su error, es posible que nunca reciban ni conozcan al verdadero Espíritu de Dios.

Para que esta mayoría de iglesias de avivamiento llegue al pleno conocimiento de la verdad divina y goce de libertad en Jesucristo, es preciso que se deshaga de su complejo psíquico, de su bloqueo mental y emocional, respecto al Espíritu Santo. Por ejemplo, no debe desmayarse de miedo cada vez que se le ocurra que quizás alguna profecía, doctrina o actividad religiosa suya no tenga la aprobación del Espíritu, pensando haber blasfemado al cuestionar. Tampoco es lógico que dé la espalda a todo aquel que le señale posibles errores en su doctrina. El pentecostal comienza a hacer pedazos a complejos y bloqueos al reconocer, admitiéndolo abiertamente, que no todas las obras y las manifestaciones que los pastores y los profetas avivados atribuyen al Espíritu Santo son inspiradas o aprobadas por él. Al darse cuenta de que no comete pecado alguno al poner a prueba la práctica de los avivados, tal vez logre desencadenarse de las doctrinas humanas que le atan al sistema religioso de los pentecostales. Resistir el poder dictatorial de los pastores y hacer caso omiso a sus interminables amenazas fuertes no es malo, no es blasfemia. Al contrario, se trata de pasos valientes que toma el alma que vence la esclavitud mental y espiritual. Independizarse de los prejuicios y del fanatismo religioso es la clave para conocer y disfrutar la verdadera libertad en el Hijo de Dios.

Lamentablemente, la mentalidad de la mayoría de iglesias de avivamiento es la misma que el apóstol Pablo censura en los corintios: “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis" (2 Corintios 11:20, 4).Es la mentalidad peligrosa de tolerar, de recibir, de aceptar a espíritus que esclavizan al error religioso. Ojalá se despierten y cambien de mentalidad para que sean libres y no esclavos.

¿TIENEN TODOS los AVIVADOS el ESPÍRITU SANTO?

Si las deducciones hechas hasta ahora son verídicas, si, en verdad, el Espíritu Santo no es él que se mueve en la mayoría de iglesias de avivamiento, entonces, ¿a qué poder o a qué espíritu se atribuyen las conmociones extraordinarias y las manifestaciones descomunales observadas cuando los pentecostales se reúnen para alabar a Dios? ¿No hablan ellos lenguas extrañas? ¿No imponen sus manos a los enfermos, sanándolos? ¿No son los ‘avivados’ personas muy santas, dedicadas a la oración, que repudian enérgicamente los vicios? ¿No son los avivados creyentes fervientes que pasan mucho tiempo en ayunos y vigilias, esperando firmemente que Jesucristo vendrá muy pronto? Si todo esto lo hacen, ¿con qué razón catalogarlos como impulsados por un espíritu que no sea el Espíritu Santo? Estas interrogantes merecen respuestas convincentes.

Podemos identificar correctamente al espíritu que se mueve entre la mayoría de iglesias de avivamiento, volviendo a considerar el culto avivado. Sus características más notables son el alto nivel de ruido y de caos. Se sabe a ciencia cierta que el Espíritu Santo, por las razones ya presentadas, no puede ser la fuerza o influencia que pone a los adoradores a alborotar. La deducción ineludible es que otro poder o espíritu se adueña de ellos. De nuevo, nos vemos obligados a darle expresión concreta en estas páginas a una gran verdad inquietante y sombría: el espíritu que convulsiona a estos pentecostales no puede ser un espíritu bueno que provenga de Dios. De hecho, según las evidencias disponibles, los poderes que obra en estos pentecostales, dominándolos, empujándolos hacia el fanatismo, haciéndolos alborotar de manera escandalosa, aun logrando que lastimen sus cuerpos (al chocar con paredes o columnas, tirarse al suelo), es nada más y nada menos que una legión de los espíritus inferiores del error y del engaño, enviados con órdenes específicas de sembrar confusión y crear divisiones entre los creyentes en Jesús, corrompiéndolos por medio de doctrinas y prácticas carentes de apoyo bíblico. Se identifican como sigue:

-“Espíritu de fuego del emoción desbordante;”
-“Espíritu sutil de experiencias psíquicas religiosas;”
-“Espíritu jubiloso del existencialismo religioso” (o sea, el que exalta los sentimientos por encima del conocimiento, despreciando la “doctrina” como “fría, secundaria, poco interesante, muerta”);
-“Espíritu elevado del éxtasis;”
-“Espíritu loco de desatinos;”
-“Espíritu desordenado de torpezas;”
-“Espíritu engañoso de falsas interpretaciones doctrinales;”
-“Espíritu altanero de fanatismo;”
-“Espíritu intransigente de dogmatismos;”
-“Espíritu poderoso de señales engañosas;”
-“Espíritu sin vergüenza de mercaderías;”
-“Espíritu príncipe, autor del evangelio de prosperidad.”

Y la lista sigue porque son legión. En su incansable viajar, Cristo vino “a la región de los gadarenos” donde encontró a un hombre muy fuerte que hacía proezas descomunales. “Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar.” Jesús le pregunta: “¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos” (Marcos 5:1-14).También hacen proezas sorprendentes los pentecostales, pero, tal cual el gadareno, su poder no procede de Dios. Tal cual el gadareno, pueden ser sanados por Jesucristo, recuperando el “juicio cabal”.

Comprendemos que esta declaración desnuda, hecha sin rodeos, da duro contra el fundamento mismo de este tipo de pentecostalismo, tumbando las columnas más fuertes de su estructura doctrinal. Para los creyentes que están bajo el dominio de “Legión Pentecostal” nuestras aseveraciones quizás sean tan ofensivas como las verdades anunciadas por Jesucristo a los fariseos, quienes, al oírlas, “volvieron atrás” (Juan 6:60-68). Dios sabe que nuestro propósito no es lastimar a nadie sino descubrir a la luz la verdad, y esperamos que los pentecostales tengan más valor que los fariseos, que se enfrenten con valentía mental y espiritual a la realidad de su situación. Seguramente, a la mayoría le costará mucho trabajo, desvelos y no poca angustia de alma. Al escuchar que el espíritu que tienen no es bueno, se sentirán gravemente heridos.

No dudamos que algunos sufran un trauma psíquico. Pero, tarde o temprano, cada uno debe reconocer que el espíritu que está manifestándose en su vida espiritual no es el Espíritu Santo.

Un factor clave: el ENGAÑO.

Pues bien, amado lector, la realidad desconcertante en extremo es que el espíritu al cual claman los avivados no es de Dios, pese a sus grandiosas pretensiones y obstinada insistencia. Pero, se replica: ¿cómo es posible que tantos millones y centenares de millones de creyentes sigan a “Legión Pentecostal"? La razón básica no es difícil de discernir: estriba en que “Legión” se disfraza, con gran astucia y poder, como el Espíritu Santo, presentándose, mediante señales y prodigios mentirosos (2 Tesalonicenses 2:8-10), como un espíritu...
-de fogoso fervor religioso...
-de entrega absoluta...
-de evangelismo dinámico...
-de mucha santidad...
-de fiero valor frente al mundo con sus vicios (2 Corintios 11:13-15).

Pero, su verdadera naturaleza se descubre, no mirando lo que aparenta ser, sino por medio de examinar sus acciones y mensajes, utilizando la Biblia como único criterio infalible.

Surge la siguiente problemática: el creyente promedio sabe poca Biblia, a pesar de cargarla dondequiera que vaya. He aquí la causa de su fracaso ante el espíritu de error: ignora o desentiende muchas enseñanzas de las Sagradas Escrituras, particularmente las que el Espíritu Santo reveló a través del apóstol Pablo; carece del conocimiento divino que le capacitara para distinguir entre los espíritus. Cuando el espíritu de error hace acto de presencia en el escenario, el pentecostal que desconoce la “sana doctrina” (Tito 2:1; 1 Timoteo 4:16) le confunde con el Espíritu Santo. El espíritu malo, con su disfraz bien arreglado, encuentra enseguida albergue en el corazón de la persona que desconoce la verdad. Y si aún queda siquiera un poquito de superstición o de espiritismo en ese corazón, al espíritu de engaño (2 Tesalonicenses 2:10) le será mucho más fácil hacerse pasar por el verdadero Espíritu de Dios. He aquí, a continuación, la combinación fatal que produce el tremendo engaño existente en este tipo de pentecostalismo:

(1) Por un lado, un corazón con grandes lagunas doctrinales, pero deseoso de tener un encuentro con Dios.
(2) Por el otro, un espíritu sagaz que sabe producir un encuentro impresionante que, al indocto, aparenta ser auténtico.

Analice bien usted, estimado lector, y verá que un porcentaje notable de las personas que se convierten al pentecostalismo...
(1) O no habían estudiado nunca la Biblia...
(2) O, leyéndola, no llegaron a entenderla.

Valiéndose de su disfraz con la maestría de un actor dotado de grandes talentos, el espíritu de error, trabajando a través de los pastores que le sirven (¡Ay de ellos!), engaña a tales personas con la misma facilidad con que un adulto engaña a un niño de dos o tres años de edad. Al niño, porque es inocente, inmaduro y crédulo, sus padres pueden hacerle creer los cuentos más fantásticos, y el niño se queda impresionado, pasmado, el mundo imaginario convertido para él en realidad. En términos de su desarrollo espiritual, la persona promedio que busca de Dios en este tipo de pentecostalismo es como un niño. Por consiguiente, el espíritu de error suele tener mucho éxito en hacerle creer que las manifestaciones fantásticas observadas en el culto avivado provengan del Espíritu Santo, y que fuera del pentecostalismo no hay salvación. ¿No es acertada esta comparanza, por mucho que duela? Semejante experiencia vive el alma indocta que busca de Dios, dejándose llevar por los Testigos de Jehová. Desconoce la “sana doctrina” de la Biblia. Por tanto, su mente es tierra fértil donde los Testigos siembran las semillas espirituales de la “Torre del Vigía”. La semilla germina y brota otro Testigo de Jehová, y ¿quién es capaz de hacerle creer que haya sido engañado? En cambio, la persona que disfruta del conocimiento adecuado de la “sana doctrina” jamás es conquistada por los Testigos de Jehová. ¡Tampoco por los falsos pentecostales!

La persona que acude a los templos avivados, o asiste a los servicios de una campaña auspiciada por este tipo de iglesias de avivamiento falso, escucha sermones candentes acerca de los vicios, las modas carnales, la idolatría y el terrible castigo que le espera a todo pecador; también sobre la perdición moral que arropa al mundo entero, los demonios, la gran ira de Dios y los juicios venideros; además, sobre el poder de Jesucristo para sanar y salvar, como también sobre el bautismo del Espíritu Santo y el poder del Espíritu para proteger y librar. Se le dice que Dios quiere acabar con todos sus sufrimientos, resolverle todo problema y quitarle toda angustia a todo ser humano oprimido bajo el yugo insoportable de esclavitud que imponen los vicios, las dolencias, el temor a la muerte, los traumas emotivos, los complejos y los conflictos psíquicos que embotan y atormentan la mente humana. Con fervor casi irresistible, se le exhorta que crea, que tome el paso de fe para que pueda ser salvo y reciba la sanidad.

El típico mensaje avivado contiene algunas verdades bíblicas, es presentado con autoridad y promete mucho. No es de sorprenderse que haga mella en los corazones susceptibles y necesitados, conmoviendo y convenciendo a incontables miles y centenares de miles de almas, satisfaciendo, aunque sea temporalmente, sus necesidades espirituales y emotivas. Suelen imponerle manos enseguida, induciendo, mediante plegarias, aplausos y mucha conmoción, un éxtasis emotivo cuyo propósito es hacerle hablar lenguas. Llevadas por las fuertes olas de excitación mental y emotiva, muchas personas, aun centenares, pasan al frente en los cultos y las campañas pentecostales, haciendo profesión de fe. Sin embargo, la verdad es que algunas permanecen poco tiempo, ¡quizás ni un día! Con todo, muchas se entregan de todo corazón porque desean establecer relaciones permanentes para con Dios. Se trata de almas sinceras y honestas que desean estar preparadas para el regreso del Señor en gloria. ¿Por qué aceptan a Jesucristo en este tipo de pentecostalismo?

(1) Porque su primer contacto con los “cristianos” o los “evangélicos” es con los del avivamiento.
(2) Porque se sienten decepcionadas con las demás iglesias cristianas. ¿Cuáles son sus quejas contra “las demás iglesias”?
(a) Que no suplen el alimento espiritual que al alma le hace falta.
(b) Me estaba muriendo espiritualmente en esa iglesia.
(c) Que están carcomidas del liberalismo doctrinal y moral, haciendo un mero pretexto de seguir las directrices de la Biblia.
(c) Que son frías.

Cualquiera que sea la causa de su acercamiento al pentecostalismo, lo triste del asunto es que, en el momento de arrodillarse ante el altar avivado, son tal cual ovejas empujadas, lenta pero inexorablemente, por poderosas fuerzas invisibles, hacia el precipicio de la posible destrucción espiritual. En muchos casos, se trata de personas bastante ingenuas, propensas a la manipulación psicológica, presas fáciles de mentes más recias y agresivas. Al no conocer íntimamente al pentecostalismo, no se imaginan lo que les espera: el trasquilador, el lobo rapaz, el látigo del asalariado, la bota puntiaguda del mandón, las locuras del desatinado.

Poco o nada entienden de las enseñanzas bíblicas acerca del Espíritu Santo, hablar lenguas, profetizar, la duración de los dones sobrenaturales, el culto “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), las provisiones del Espíritu para el sostenimiento de la obra de Cristo en la tierra, la organización bíblica de la iglesia o el Milenio. Por consiguiente, se les hace imposible juzgar con juicio sano e “inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9) lo que les está aconteciendo.

Al empaparse los “candidatos” de esta doctrina pentecostal, comienzan a promulgarla con el mismo fanatismo de sus maestros. Se desarrolla un círculo vicioso pero muy efectivo: los maestros errados en su doctrina inculcan a los alumnos sus errores; a su vez, los alumnos se hacen maestros, enseñando a todavía otros “candidatos” los mismos errores, y de esta manera, sucesivamente, sigue el proceso interminablemente, multiplicándose y expandiéndose los círculos hasta encerrar al mundo entero. El “lavado de cerebro” que reciben los “candidatos” es completo, rindiéndoles casi incapaces de razonar objetivamente. Según ellos ¡tienen la verdad, punto, y se acabó! ¿Por qué escuchar a cualquier otro maestro que no sea de los de ellos?

Escuchar a cualquier otro ¡sería blasfemar al Espíritu! Este último cuco, este último carcelero fornido, es el que cierra la prisión. Con dificultad saldrá, quizás jamás.

Así es, preciosa alma de Dios, que millones de personas han llegado a someterse a “Legión Pentecostal”, la manada de espíritus inferiores que se mueven feliz y revoltosamente entre los avivados. Citando la Biblia, de la manera que Satanás se la citó a Cristo, los “espíritus avivados” (entiéndase los líderes pentecostales) hablan mucho del amor de Dios. “Dios te ama. Dios te quiere sanar y salvar. Dios quiere llevar tu carga. Dios quiere darte la victoria.” No es cosa extraña que hable un espíritu errado y engañador del amor divino. “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:14-15).Pues, los “espíritus avivados” hablan de las cosas bellas de Dios para hacer aparentar que procedan de él. Prometiendo salvación y sanidad divina, los “espíritus avivados” han persuadido a millones y millones a que entren en los rediles de los concilios pentecostales o de las iglesias avivadas independientes. Engañar a los candidatos le fue fácil porque los ingenuos candidatos no sabían la verdad de Dios ni conocían al verdadero Espíritu Santo.

Y ahora, ¿qué? Pues, las almas conquistadas permanecen en el engaño porque “Legión” no permite que aprendan la verdad, guardándolos celosamente bajo su propio dominio. Logra aislarlos dentro de los confines de su propio sistema religioso. Los hace creer...

-Que los avivados, y solo los avivados, nadie más, posean la plenitud del Espíritu;
-Que las demás iglesias están muertas, que no hay salvación en ellas;
-Que solo los avivados tienen las señales y los dones del Espíritu y...
-Que solo ellos viven en santidad.

Creyéndolo a ciegas, se llenan de prejuicios, se vuelven intolerantes y, tal vez sin darse cuenta, con pena se lo señalamos, ¡se encierran a sí mismos tras las paredes de su propia ignorancia espiritual y egoísmo personal!

Al hacerlo, cometen uno de sus errores más grandes y peligrosos: su fanatismo les rinde incapaces de razonar con calma e imparcialidad acerca de lo que les ha acontecido en el ámbito religioso y espiritual.

El proceso del engaño es completo. Impulsados por sus necesidades espirituales, los “candidatos” acudieron a los pastores o los evangelistas “avivados”. Oyeron dulces palabras; también palabras que infundían temor; además, palabras que prometían mucho. Se sintieron atraídos y se entregaron, pero, ¿a qué? No lo sabían con certeza. Mediante clases y cultos celebrados casi todos los días de su vida, recibieron un adoctrinamiento muy fuerte, el cual produjo muy fuertes convicciones y prejuicios. Tanto en los cultos como en las “clases de candidato” se forjaron las cadenas que les amarran al pentecostalismo, y se endurecieron los eslabones en el fuego del apasionamiento religioso. ¡Cuán difícil es romper siquiera una de esas cadenas! Bien lo saben algunas almas valientes que han salido de este tipo de pentecostalismo, superando todo obstáculo para aprender, por fin, la “sana doctrina”.

Pero, ¿es esta explicación la más acertada de por qué millones siguen a estos “espíritus avivados”? No nos cuesta aceptar que el espíritu de error pudiera engañar a unas pocas personas, aun a miles. Sin embargo, parece imposible que logre apoderarse de millones y centenares de millones de almas. (A principios del siglo veintiuno, se calcula en más de mil millones los adeptos pentecostales y carismáticos en el mundo.) Apreciado lector, no debemos subestimar el poder del espíritu de error, ni la credulidad de los seres humanos. Considere...

-A los mil millones que se adhieren a la doctrina católica romana, haciéndole reverencia al Papa, venerando imágenes y creyendo en el purgatorio.
-Los millones que siguen ciegamente a los falsos profetas tales como:
-Elena White (Los Adventistas del Séptimo Día),
-Charles Russell y el juez Rutherford (Testigos de Jehová),
-Mita (Juanita García, quien alegaba ser el Espíritu Santo encarnado),
-William Branham (profeta de los Jesús Solo),
-José Smith (profeta fundador de los Mormones).

¿No viven el engaño todos estos? Algunos pentecostales aseguran que todos los grupos nombrados están engañados y perdidos, pero resisten obstinadamente analizar objetiva y bíblicamente su propia condición espiritual. Jesucristo dice que “muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22:14). La mayoría de los pentecostales admiten esta verdad. Por lo tanto, ¿no es lógico que hagan un alto en su precipitada carrera, razonando que el hecho de que una multitud muy grande sigue a los “espíritus avivados” no significa, por sí solo, que referidos espíritus hayan venido de Dios? El éxito de cualquier iglesia o movimiento religioso en conquistar almas para su fe no constituye prueba alguna de que cuente con el apoyo o la aprobación de Dios. “Somos muchos; por lo tanto el Espíritu Santo está con nosotros” encierra una falacia patente. De ser así, los Católicos Romanos y los Musulmanes podrían reclamar, con más razón que estos pentecostales, tener al Espíritu de Dios a su favor, pues ¡son más que los avivados! Se valen de un criterio inválido los pentecostales que deducen que su espíritu procede de Dios, simplemente porque él ha conquistado a millones de almas en campañas intensas y exitosas.

Exigen que todos hablen lenguas

Al adepto que no hable enseguida en lenguas, le aplican una terapia desarrollada para vencer cualquier impedimento psicológico. Por ejemplo, le imponen manos y con suspiros cargados de emociones fuertes, gemidos, gritos y aun alaridos, le ordenan a repetir rápidamente alguna palabra o frase tal como “séllame, séllame, séllame, séllame”. Al obedecer el candidato, conmovido y llevado por el remolino de emoción que gira frenéticamente en derredor suyo, quizás se le trabe la lengua. Si empieza a decir disparates (“Élleme, llámese, mesellá, lámeme”), los que le escuchan exclaman eufóricamente: “¡Está hablando lenguas! ¡El Espíritu Santo lo ha sellado! ¡Gloria a Dios! ¡Alabado el nombre del Señor!” De fallar la primera artimaña, los pentecostales se recurren a otra más agresiva: hacen al candidato ponerse de pie, con los ojos cerrados. Le agarran y le ponen a dar vueltas y vueltas rápidamente, como un topo, orando todos a gritos, con súplicas que lo bautice el Espíritu con fuego. Esta acción hace que algunos candidatos se mareen y pierdan dominio tanto de su cuerpo como también de sus facultades racionales. Si este truco tampoco funciona, tal vez le pongan a gritar alabanzas a Dios, a brincar y a bailar hasta más no poder. O, es posible que le manden a hincarse ante el altar, diciéndole que ore, ore y ore, que alabe, alabe, alabe, esperando con mucha fe que Dios le concediese el don de lenguas. Estos ritos extraños pueden durar horas y horas. Cualquier observador perspicaz y objetivo detecta en todas estas maniobras el fuerte elemento de psicología humana. Los espíritus avivados, incluso los analfabetos, son expertos en la manipulación de ambientes y de emociones que logran el fenómeno de lenguas extáticas o jerigonzas.

En Puerto Rico, una joven la cual su hermano había tratado por años de traerla a una iglesia, al fin ella decidió asistir a uno de los servicios. Esa noche estaba un “evangelisto” predicando. Al final de la predica, llamó al púbico para que pasaran a recibir el “espíritu”. A insistencia del “evangelisto” la mencionada joven no le costó más remedio que acceder y pasar al frente. El evangelista le impuso las manos. Mientras le sacudía la cabeza de un lado a otro gritaba a fuerte voz “recíbelo, recíiiibelo” una y otra vez. Al fin la joven grita, ¡CHIVIRI, CHIVIRI!, a lo que con cierta arrogancia gritó el “evangelisto” ah! ¡Lo recibió! ¡Aleluuuuuuuya! Tan pronto la joven regresa a su casa, sus asombrados hermanos le preguntan si fue verdad que recibió el “espíritu”, puesto que ella no pertenecía a ninguna iglesia. A lo que respondió ante la mirada atónita de sus hermanos, si no grito ¡CHIVIRI, CHIVIRI! me quiebra el cuello.

Estos líderes se deslizan por una tangente equivocada y peligrosa, llevando consigo a multitud de almas ingenuas. En primer lugar, jamás enseñó el verdadero Espíritu de Dios que era menester que todo cristiano recibiera el don de lenguas. Todo lo contrario, ya hemos aprendido que no todos los cristianos del primer siglo hablaban lenguas (1 Corintios 12:7-10,30. En segundo lugar, no encontramos ningún caso bíblico donde los líderes de la iglesia primitiva tuviesen que enseñarles a los cristianos cómo hablar lenguas extrañas. La mera idea de recibir el don de lenguas mediante algún proceso pedagógico es absurda, ya que el hablar lenguas fue un poder otorgado por Dios, y no una habilidad adquirida mediante instrucciones o maniobras humanas.

Todavía más absurdas son aquellas artimañas artificiosas empleadas por los pastores avivados para lograr que sus seguidores pierdan el dominio propio y hablen lenguas extáticas. La fraseología que utilizamos es fuerte, escogida adrede para hacer destacar las ridiculeces practicadas por los avivados en su empeño de forzar al creyente a hablar lenguas extáticas. ¿Dónde en la Biblia se lee que los apóstoles les dieran vueltas a los creyentes para que recibiesen al Espíritu? ¡Inaudito! ¿Cuál texto de la Biblia autoriza al creyente a buscar el don de lenguas por medio de la repetición de frases tales como “séllame, séllame, séllame”? ¡Ninguno!

¿Enseña la Biblia que el don de lenguas se adquiere mediante interminables ayunos, vigilias y súplicas? ¡De modo alguno! ¿Qué tiene que hacer el creyente para recibir el don? ¿Saltar? ¿Alabar a Dios, gritándole como si fuera sordo? ¿Bailar hasta caer exhausto? Nada de esto aparece en la Biblia; ninguna escena semejante a las que son comunes en las campañas y los cultos avivados. Sin embargo, estas prácticas son el pan de cada día en las reuniones en la mayoría de las iglesias pentecostales. ¡Cuán lejos es su doctrina de las enseñanzas inspiradas asentadas por el Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras! De cierto, la Biblia, la razón y el sentido común respaldan nuestra conclusión, a saber: los avivados no entienden la naturaleza del don de lenguas extrañas, para quiénes era, con qué propósito fue dado, cómo fue obtenido, cómo había que utilizarlo o hasta cuándo estaría disponible. Si enseñan crasos errores sobre el don de lenguas, desobedeciendo todos las instrucciones que el Espíritu Santo dio sobre el uso del don, ¿cómo pretenden convencernos que more y se mueva en ellos el verdadero Espíritu de Dios? ¡No se lo creemos!

No pocas personas se sugestionan con suma facilidad, quizás porque sean algo crédulas por naturaleza, demasiado dóciles o sumisas, no teniendo filtros para su mente y espíritu que rechacen ideas dañinas o peligrosas. Tienden a dejar que su mente caiga bajo la influencia y el dominio de seres más agresivos. Tales personas, al someterse al espíritu “Legión” de los avivados, suelen hablar lenguas extáticas enseguida. En cambio, a otras personas de mente más independiente y de voluntad más recia, les cuesta trabajo doblegarse a las exigencias de “Legión." Buscan y buscan y buscan. Claman a Dios con lágrimas. Con angustias indecibles le ruegan que los bautice con el Espíritu para que digan al menos unas pocas palabras en lenguas extrañas. Sienten una presión tremenda. Ayunan. Pasan horas alabando a Dios en voz alta, dando palmadas, bailando, saltando. Solicitan y reciben una y otra vez la imposición de manos, la cual algunos pastores suelen administrar con tanta fuerza que cae el candidato al suelo, tumbado por los empujones y golpes, levantándose con chichones y el cuello torcido. Algunos salen en busca de los pastores o de los evangelistas de más renombre, esperanzados en recibir el don de lenguas mediante la intervención de un personaje supuestamente más lleno del Espíritu. ¡Cuántas frustraciones y desilusiones sufren, cuántos regaños soportan, cuántas insinuaciones de “pecado escondido” escuchan, cuántos bochornos pasan, haciendo un esfuerzo sobre humano para hablar lenguas! Una sola creencia errónea tiende a engendrar toda una manada de equivocaciones. Esto mismo le ha pasado a la mayoría de los pentecostales. Por ejemplo, al dar por asentado que todo aquel que cree ha de recibir el don de lenguas para ser sellado por el Espíritu, (1) han inventado varias estratagemas psicológicas, totalmente carentes de fundamento bíblico, para lograr que todo pentecostal encuentre el don, ¡a como dé lugar! Con miras a desarrollar un ambiente cargado de emociones, sin el cual difícilmente se manifestaría el espíritu de lenguas jerigonzas, (2) ponen a todos a hablar a la vez. Este error conlleva a todavía otro, a saber, el de (3) provocar mucho ruido, confusión y desorden en el culto. Este tercer error desemboca en ofensas y persecuciones innecesarias.

-En algunas instancias, el clamor y el escándalo que levantan los avivados son tan fuertes que el estruendo se escucha a dos o tres kilómetros de distancia.

-Pese a las explicaciones y las justificaciones que ofrecen la mayoría de los pentecostales, es del todo imposible que su alboroto agrade a Dios, pues Dios no es Dios de confusión sino del orden. (1 Corintios 14:33)

-Tampoco agrada a los vecinos quienes se ven obligados a soportar el bullicio del culto alborotoso avivado, aun hasta altas horas de la noche. En no pocas ocasiones, los incrédulos, hartos del ruido y de la gritería, han llevado a los avivados a las cortes. Éstos, al ser denunciados legalmente, sufren oprobios y persecuciones, padeciéndose, pero, que conste, no “por causa de la justicia” sino porque desobedecen las leyes de Dios (1 Pedro 3:14-17), pues sus cultos ruidosos Dios no los ha ordenado ni los aprueba. Sin embargo, los pentecostales, no percatándose de su error, se glorían cuando son perseguidos por sus errores, excesos, obstinación y soberbia. Los testigos de Jehová hacen otro tanto cuando son perseguidos por sus propios errores.

-Los indoctos y los incrédulos dicen que están locos porque hablan y gritan todos a la vez. El Espíritu Santo previno esta reacción y para evitarla dijo: “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios” (1 Corintios 14:23, 27-28). Aunque intenten acatar estos mandamientos, quedan en ridículo ante los indoctos y los incrédulos, como también ante todo cristiano bien instruido.

Experiencias psíquicas y místicas versus la Palabra Divina

Entre los errores más graves de los avivados figura el de darle más importancia a sus experiencias psíquicas espirituales que a la misma Palabra Divina. Amada alma que busca de Dios, medítelo sin pasiones: ninguna experiencia emotiva, por mística, elevada o edificadora que sea, es válida si contradice las normas establecidas por el Espíritu Santo para la vida cristiana, el culto a Dios y la obra evangelística. La verdad de Dios no fluye de las emociones humanas hacia él o hacia el hombre. Las emociones no determinan lo correcto y lo incorrecto ante Dios. El existencialista religioso dice: “Una porción sustancial de la verdad para mí se compone de mis sentimientos espirituales.” Quizás Dios se ría de él, pues ni la más mínima porción de la verdad que salva se origina en el corazón del hombre sino que el Padre mismo la concibió toda y se la revela al hombre mediante la Palabra inspirada encontrada en la Biblia, y no mediante los supuestos mensajes inspirados de los “profetas pentecostales”.

El mensaje de este tipo de pentecostalismo se centra en el corazón, o sea, en los sentimientos, las experiencias emotivas, las impresiones, los presentimientos y las interpretaciones subjetivas de casi todo aspecto de la vida espiritual. En cambio, el mensaje del Espíritu Santo se centra en la mente, o sea, apela principalmente al intelecto, a través del conocimiento de la verdad revelada, el entendimiento, la “inteligencia espiritual,” la lógica, la razón, la sabiduría celestial. Pero, ellos desprecian el mensaje espiritual dirigido al intelecto, catalogándolo de “frío”. Prefieren su mensaje “caliente” del corazón. Esta preferencia los precipita al fiasco espiritual que viven, pues su “evangelio” es “otro evangelio” (Gálatas1:6-10) muy distinto al evangelio dado a conocer por los apóstoles. El vocabulario espiritual de los apóstoles es muy distinto al vocabulario de los avivados. En los escritos apostólicos abundan los vocablos “conocimiento” y “entendimiento” (Colosenses 1:9-10), también frases tales como “sana doctrina” (1 Timoteo 1:10; Tito 2:1), “buena doctrina” (1 Timoteo 4:6), “sanas palabras” (1 Timoteo 6:3; 2 Timoteo 1:13) y “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13). Este vocabulario es notable por su ausencia en el típico escrito o mensaje en la mayoría de las iglesias pentecostales.

A este tipo de creyentes les gusta hablar de sus “experiencias”. Siempre están dando “testimonios”, contando sus “sueños” y hablando de sus “visiones”. Pero, no suelen someter sus testimonios, sueños, visiones, lenguas y trances a un examen crítico, utilizando la Biblia para determinar su veracidad, o la falta de ella. Por tal razón, al espíritu de error no le da trabajo engañarlos.

El éxtasis que experimenta este tipo de pentecostal no es inducido por Dios, ni tampoco por el Espíritu Santo.

Lo afirmamos sin titubeos o reservas, sin temor de equivocarnos, porque lo que hace y dice el bajo el poder de su éxtasis contradice la Biblia. Si su éxtasis no lo produce el Espíritu Santo, entonces ¿cómo ocurre? Una combinación complicada de factores psicológicos y espirituales lo causa, entre ellos:

(1) La expectativa intensa de la intervención espectacular de una fuerza sobrenatural.
(2) El deseo ardiente de experimentar sensaciones extrañas.
(3) La necesidad imprescindible, de “recibirlo”.
(4) La sugestión.
(5) El ritmo acelerado de la música instrumental, de los coritos de fuego “Como en Hoefkade” - dicen.
                Pregunta: ¿Dónde están hoy día los que danzaban y saltaban en Hoefkade? ¿Me podrían decir?
(6) Las palmadas entusiastas, las patadas, los gritos, las alabanzas a todo pulmón.
(7) La imposición de manos.
(8) Las oraciones a viva voz.

Todos estos elementos, más otros no apuntados, crean un ambiente de emoción desmandado, ruido ensordecedor y caos espiritual. Bombardeado y estremecido por estos “poderes” emotivos y psíquicos, rodeado por personas carismáticas que le animan a soltar las riendas de su espíritu, el ser humano susceptible y predispuesto a tales influencias, pronto cae en éxtasis, como por hipnosis. “¡Suelta la lengua! ¡Suéltala!”, exhorta el pastor avivado. Y siguen los coritos de fuego, una y otra vez, hasta surtir el efecto que buscan los líderes avivados, a saber, el éxtasis que hace a los ingenuos adoradores perder el dominio propio, abriendo paso a las manifestaciones anormales que tipifican el culto pentecostal. Manifestaciones que atribuyen al Espíritu Santo, pero que pertenecen, en realidad, a otro “espíritu” quien no procede de Dios. A “Legión Pentecostal” pertenecen.

Los instrumentos de música, el éxtasis y la presencia del Espíritu Santo

¿Se imagina usted, perspicaz lector, lo que pasaría si este tipo de pentecostales dejaran de usar guitarras, panderetas, tambores, maracas y otros instrumentos de música en sus cultos, si dejaran de orar usando vanas repeticiones, gritando y clamando todos a la vez (Mateo 6:7) y si hicieran todo “decentemente y con orden”? (1 Corintios 14:40) ¡El espíritu de éxtasis y de lenguas extáticas no se manifestaría! ¿Es correcta esta conclusión? Bien saben los líderes pentecostales que cuando no aparece el músico o los músicos, sus cultos están “muertos”. “Muertos” porque el “espíritu de emoción” no se presenta. Esta circunstancia problemática debe ser suficiente para hacerlos detenerse siquiera un ratito en su carrera frenética, llevándolos a estudiar sobriamente las serias implicaciones de semejante anomalía. Quizás entraran en entendimiento. Quizás se dieran cuenta de que su “espíritu de lenguas extáticas y de alabanzas alborotosas” sale cuando se tocan los instrumentos de música, y que no suele hacer acto de presencia si no los tocan. ¿Qué significa este hecho? La inferencia lógica es evidente: el “espíritu de error” responde a la música instrumental, como duende hechizado y movido por los ritmos de fuego. En contraste, el verdadero Espíritu Santo de Dios actúa independientemente de la música instrumental. Es más: el verdadero Espíritu Santo está presente donde los cristianos cantan sin instrumentos de música, pues el mandamiento que él da a la iglesia es CANTAR, no añadiendo tocar (Efesios 5.19; Colosenses 3:16; 1 Corintios 14:15). El espíritu de error se manifiesta poderosamente cuando reina el ambiente de emoción, pero su poder mengua notablemente, aun hasta desaparecer, cuando el ambiente vuelve a ser normal.

¡Waw! EL CULTO DE HOY SÍ FUE TREMENDO.
¿Ha oído usted alguna vez esta expresión? Si nunca la ha oído es porque nunca ha visitado una iglesia donde se mueve el “espíritu”. Sabía usted que es a lo que se refieren ellos con “que estuvo tremendo”? No fue que la enseñanza estuvo “tremenda”, o sea, edificante, profunda. No. Fue porque hubo manifestación del “espíritu”. Saltos, brincos, estremecimiento en el cuerpo, corrientes, etc.

Cómo los líderes manipulan a su “espíritu”

Curiosamente, los pastores avivados manipulan al espíritu que se mueve en medio suyo. En cambio, ¡nadie manipula al verdadero Espíritu Santo! Considere: si quieren que cese el clamor de voces, supuestamente inspirado por el Espíritu Santo, mandan a la congregación a callarse, ¡y se calla de una vez el “espíritu” que obra en ellos! Algunos pastores utilizan una campanita para controlar el ambiente. Al hacerla sonar, los feligreses que estaban alabando en voz alta, hablando lenguas y bailando ¡de repente se callan y se tranquilizan, tomando asiento! Asombrosamente, el pastor pentecostal domina con una campanita al “espíritu” que obra en su congregación. ¡Qué maravilla! Con otros gestos y expresiones los pastores pueden, en un santiamén, reavivar a ese “espíritu”. “¿Cuántos alaban a Jesús? ¡Aleluuuuuuuya! ¡Cristo viiiiive! ¡Un aplauso para Dios! Riquitesayamara. Mi aaaalmaaa te alaaaaaaaba. ¡Cuidado! ¡Por ahí viene el Espíritu! ¡Ábranle paso!” Brazos levantados al cielo; un bailecito, y ¡maravilla de maravillas, se reaviva el “espíritu”! Con letra minúscula, porque si su “espíritu” fuese el verdadero Espíritu Santo, seguramente, los pastores no lo manipularían de semejante modo arbitrario. Inteligente lector, el Señor le dé entendimiento.

Una vez fui invitado a un culto avivado. Este lo estaban llevando a cabo en una plaza pública. Una vecina le había hecho el favor de permitirles el usar la corriente eléctrica mediante un cable de extensión. Mientras sonaban las guitarras eléctricas, batería y otros instrumentos, comenzó la danza en el “espíritu”. Unas cuatro o cinco mujeres saltaban y danzaban con sus ojos cerrados al compás de la música. Estaban en el “espíritu” cuando de momento una de ellas, sin darse cuenta, metió el pie por debajo de la extensión eléctrica y desconectó el cable de la fuente. Todo quedó en silencio, no hubo más música, ni más ruido. Y por consiguiente las que estaban danzando se detuvieron y dejaron de danzar. Se les fue el “espíritu”. Pero lo más extraño fue que al venir un caballero corriendo y conectó nuevamente el cable eléctrico, volvió el “espíritu” y las mujeres comenzaron a danzar nuevamente. Tenían un “espíritu eléctrico”.

No se alarme usted ni se escandalice por nuestra forma de hablar del “espíritu avivado” típico de reuniones pentecostales, pues estamos hablando de un “espíritu” de letra minúscula y no, por cierto, del Espíritu Santo.

También los católicos y los protestantes carismáticos hablan lenguas.

Muchos católicos y protestantes, incluso sacerdotes, predicadores y profesores de religión, han abrazado con entusiasmo la teología pentecostal. Se identifican como “carismáticos”, palabra derivada del griego para “dones”. También hablan las lenguas del avivamiento, fenómeno embarazoso para los pentecostales ya que éstos repudian a la Iglesia Católica Romana y a las iglesias protestantes, tildándolas de “frías, muertas y apostatadas”. El protestante carismático, liberal en doctrina y vida moral, habla las lenguas del avivamiento, luego sale a fumar, tomar y bailar. El cura católico carismático habla las mismas lenguas del avivamiento, pero no deja de venerar a María, ensalzar al Papa, bautizar a niños por rociamiento, celebrar misa, etcétera. ¿No son exactamente iguales las lenguas habladas tanto por el cura como por el pastor de este tipo de pentecostalismo? Sin duda, ¡son iguales! Son del mismo género. Son idénticas.

Tenía un compañero de trabajo el cual se identificaba como católico carismático. Una mañana mientras trabajábamos me dijo. "Anoche le hice un rosario completo a la virgen, pero solo en lenguas".

Si las lenguas de este tipo de pentecostales son auténticas, ¡también lo son las de los católicos carismáticos! Entonces, si el Espíritu Santo da las de los pentecostales, ¡también da las de los católicos carismáticos! Replica el pastor pentecostal: “¡Negativo! El Espíritu Santo no da sus dones a los maristas, a los idólatras de la Iglesia Católica Romana”. Si no se los da, entonces ¿se los da el diablo? ¿Da Satanás auténticos dones sobrenaturales? ¡Imposible! Sólo da dones ficticios, “señales y prodigios mentirosos” (2 Tesalonicenses 2:9). ¿Significa que las lenguas de los católicos carismáticos no son auténticas, que se trata de un don ficticio, engañoso? Asimismo. Pero, si las lenguas de los católicos carismáticos no son auténticas, ¡tampoco lo son las de este tipo de pentecostales, ya que son idénticas! Pues bien, esta deducción es inevitable e irrefutable. Definitivamente, las lenguas de este tipo de pentecostales no son auténticas; no son la manifestación del verdadero don de lenguas del verdadero Espíritu Santo.

También es inevitable otra deducción, a saber, tanto este tipo de pentecostales como los católicos y los protestantes carismáticos están todos en el mismo barco. Sí, lector racional, todos viajan en el gran “Barco del Existencialismo y del Error Religioso” cuyo destino final no es el glorioso “Puerto del Cielo”. Los unos ocupan un extremo del gran “Barco,” y los otros ocupan el otro. Son frecuentes los rocíos entre los dos bandos, pero todos viajan hacia el mismo puerto. ¿Viaja usted con ellos? El que escribe prefiere viajar en el limpio y elegante “Barco de la Sana Doctrina”, que atracará, al final de su travesía, en el hermoso “Puerto del Cielo.” Acompáñeme, ¿quiere?

A propósito, ¿sabía usted que algunos mahometanos hablan el mismo género de lenguas que hablan este tipo de pentecostales y los carismáticos? También hay paganos orientales y animistas africanos, espiritistas que las hablan. El fenómeno no se manifiesta exclusivamente en los avivados sino aparece dondequiera que predominan la credulidad, el misticismo, el sentimentalismo, la superstición y el fanatismo religioso.

¡Aprende usted a hablar lenguas!

Algunos han escrito manuales que enseñan técnicas para hablar las lenguas del avivamiento. ¡Qué extraño! En lugar de seguir el manual del apóstol Pablo donde se desglosan los reglamentos para el verdadero don de “lenguas extrañas”, componen su propio manual. Su decisión y su acción prueban que no se trata de la misma clase de lenguas. ¿Quiere usted aprender a hablar las “lenguas del avivamiento”? Escucharlas muy a menudo, una y otra vez, una y otra vez. Se memorizan. Se graban en la mente y en la sub-conciencia. Si el inconverso pone el empeño, también puede aprender a hablarlas. Pero, de hacerlo, no logra nada, pues la lengua extática no dice nada nunca. De cierto, se sabe que algunos inconversos, vencidos por el emoción del culto pentecostal, se caen en éxtasis y hablan las lenguas del avivamiento. Después de la experiencia, no obedecen al evangelio sino que siguen viviendo la vida mundana. Más, también se sabe que ningún inconverso del primer siglo recibió jamás el verdadero don de lenguas extrañas.
Le recomiendo que vea este link sobre el KUNDALINI:


Continuará……
Espere la parte 2 y 3