EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO

EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO
 
El bautismo en el Espíritu Santo es una investidura de poder sobre la vida del cristiano que le capacita para ser testigo eficaz del Señor. Ese es su propósito especial, Lc. 4:18-19, 24:49; Hch. 1:8, 4:8, 31, 6:10,15, 8:29, 9:17, 11:24, 13:9, 16:6.
                                                                  
1. La Biblia lo enseña:
          a) Jesucristo es el Bautizador, Mt. 3:11; Hch. 11:16.
          b) Es un don, Hch. 2:38, 5:32; Jn. 7:37-39, 15:8.
          c) Dios no cesó de darlo después del Pentecostés, Hch. 19:6.
          d) Es dado a los que obedecen, Hch. 5:32; Jn. 15:26-27.
 
2. Es adicional al nuevo nacimiento, Lc. 24:49; Hch. 10:44-45.
Nadie puede recibir el bautismo en el Espíritu Santo sin antes ser salvo.
          a) Los apóstoles recibieron el bautismo en el Espíritu después de ser salvos,
          Hch. 1:14, 2:1-4.
         
          b) El apóstol Pablo fue salvo en el camino de Damasco, Hch 9:1-6, pero no recibió
          el Espíritu Santo hasta tres días después, Hch. 9:17.
  
          c) Los Samaritanos se convirtieron, fueron bautizados en agua, pero no recibieron
          el Espíritu Santo hasta que llegaron Pedro y Juan e impusieron las manos sobre ellos,
          Hch. 8:5-17.

          d) Los "discípulos" en Éfeso eran salvos, luego fueron bautizados en agua y después
          recibieron el Espíritu Santo, Hch. 19:2-6.
 
          e) Jesús, hablando a los suyos acerca del Espíritu Santo, les dijo: "Está con vosotros
          y será en vosotros" Jn. 14:16-17.
 
3. Es necesario:
          a) Para evitar la tibieza, Ap. 3:15-16.
 
          b) Muy especialmente para ser testigos, Hch. 1:8.
 
          c) Es un mandamiento del Señor, Lc. 24:49.
 
          d) Es para edificación, 1 Co. 14:4.
 
          e) Para tener poder en el servicio del Señor, Lc. 4:18-19; Hch. 1:8.
 
          f) Para entender las Escrituras, Jn. 14:26, 16:13; 1 Jn. 2:27.
 
 4. Maneras como puede recibirse:                                                   
          a) Oración personal, Lc. 11:11-13; Jn. 7:37-39; Ap. 3:20.
 
          b) Escuchando el sermón, Hch. 8:15.
 
5. Condiciones para recibirlo:
          a) Arrepentimiento, Lc. 24:47; Hch. 17:30.
                  
          b) Haber nacido de nuevo, Jn. 3:3; Lc. 11:13; Gá. 4:6.

          c) Tener “hambre y sed”, Mt. 5:6; Jn. 7:37.
 
          d) Tener fe en Dios y Su Palabra, Gá. 3:14.
 
          e) Obediencia, Hch. 5:32.
 
6. Evidencias de haberlo recibido:
          a) Poder para con Dios y para con los hombres, Hch. 2:14, 36, 7:51,60.
 
          b) Poder para ser testigos del Señor, Jn.15:27; Hch. 1:8; 1 Co.1:4-5.
 
          c) Pasión por las almas perdidas, Hch. 7:59-60, 6:8-10, 26:28-29.
 
          d) Hablar en otras lenguas, Hch. 2:4; Mr. 16:17; Hch. 10:46, 19:6; 1 Co. 14:39.
         
          e) Milagros y sanidades, Hch. 3:1-9, 4:4-16.
 
          f) Deseo ardiente por una vida de oración, Hch. 6:3-4; Ro. 8:26.
                        
7. Evidencia histórica:
El Bautismo en el Espíritu Santo no solamente fue la experiencia de los apóstoles, de la iglesia primitiva y de millones de cristianos en el presente siglo, pero también a todo lo largo de la historia de la iglesia, hay evidencias de que siempre hubo creyentes llenos del Espíritu Santo.
 
El "Diccionario Interpretativo de la Biblia" dice: "A lo largo de los siglos, la glosolalia (hablar en lenguas) ha reaparecido frecuentemente entre grupos de cristianos". G.B. Cutten, en su libro, "Hablando en Lenguas", escribe: "Muchos ejemplos aislados de hablar en lenguas pueden ofrecerse".
 
La "Enciclopedia Británica", afirma que el hablar en lenguas ha ocurrido en cada edad.

En la "Enciclopedia Bíblica Católica", dice: "Con respecto a la perpetuación de estas carismas (hablar en lenguas), pueden decirse, que aunque esto se manifiesta más frecuentemente en las nacientes iglesias y en los primeros siglos, nunca desapareció completamente de la iglesia la glosolalia es una verdadera carisma del Espíritu Santo".
 
8. El Señor Jesucristo es el único Bautizador.
Refiriéndose al Señor, Juan el Bautista dijo: "El os bautizará en el Espíritu Santo y fuego" Mt. 3:11.
 
Simón el mago quiso comprar con dinero el poder orar e imponer las manos sobre los creyentes para que recibieran el bautismo en el Espíritu Santo. El Apóstol Pedro rechazó tal presunción, y le dijo que se arrepintiera, pues estaba en "hiel de amargura y en prisión de maldad" Hch. 8:18-25.
 
Hoy en día, sin embargo, hay quienes, con un horrible desparpajo, están dando supuestos bautismos en el Espíritu Santo con lenguas programada y repartiendo al por mayor supuestos dones del Espíritu Santo, como también supuestos ministerios.
 
Un predicador, evangelista o pastor no puede forzar al creyente para que reciba el bautismo en el Espíritu Santo ni para que hable en lenguas; mucho menos puede forzar al Señor para que bautice al creyente. Cuando esto se hace, los resultados son espurios, falsos.
 
Bíblicamente, lo que puede hacer un ministro de Jesucristo con relación a que el creyente reciba el bautismo del Espíritu Santo es enseñar, predicar, doctrinar, interceder, orar, e imponer las manos para conducir al creyente a la rendición al Señor, para fortalecer su fe y que esté en actitud y expectación de recibir de manos del Señor el bautismo en el Espíritu Santo, quien es realmente el único Bautizador, Hch. 8:14-17, 10:44-46, 19:1-6.
 
En las Sagradas Escrituras está bien claro que todos los dones y las promesas de Dios son condicionales. Dios hace las promesas y concede los dones, pero el hombre tiene que cumplir condiciones.
 
Podemos concluir que, si un cristiano no ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo, no puede vivir aquí en la tierra una vida cristiana victoriosa y llena del poder el Espíritu Santo para vencer la carne, al mundo, al pecado, a los demonios y al diablo, y ser un testigo eficaz de Jesucristo. El bautismo en el Espíritu Santo es para vivir victoriosamente en la Tierra.