EL GRAN NEGOCIO DE LA ADORACIÓN
 

EL GRAN NEGOCIO DE LA ADORACIÓN

El término “adorar” indica rendir culto, pero en su sentido más profundo envuelve venir delante del Señor con reverencia, veneración y pleitesía. El término hebreo establece que    shajah (שָׁחָה,), indica «adorar, postrarse, bajarse, inclinarse». Esta palabra se encuentra en el hebreo moderno con el sentido de «inclinarse o agacharse», pero no en el sentido general de «adorar». En sí, es toda acción que ejecutemos para Dios, ya sea cantando, ofrendando, leyendo la biblia o postrándonos en silencio delante del Señor. Sin embargo esta palabra ha sido adulterada para dar paso a un concepto mercantil, en donde los supuestos adoradores o salmistas usan el término “adorar” para hacer conciertos y cobrar una entrada por esa supuesta adoración.

Actualmente, y con  el concentimiento de los pastores, que son indirectamente los culpables de esta modalidad, se ha levantado una generación de cantantes que con el cuento de “adorar” están mercantilizando la iglesia, la cual tristemente va detrás de ellos, como si fueran estrellas mundanas, para escucharlos, y pagan para recibir una supuesta “ministración musical”, que muchas veces están impregnada de los esquemas de los cantantes mundanos. En estos conciertos cristianos se hace un pingüe negocio. Los cantantes o “salmistas”, como le dicen los de la onda apostólica, tienen su “manager”, sus contratos y sus cuotas por actuación. En los mismos se ponen condiciones idénticas a las del mundo, como por ejemplo; una cantidad por presentación que oscila entre $1,000 a $3,000 dólares por noche, además de cubrirles  los gastos de hotel, pasaje y comida para él y su equipo. Si el evento no recauda lo pensado, el cantante exige siempre la paga acordada y por anticipado, y si no lo hacen, entonces estando ya en el evento, se niega a cantar.

Esto ha ocurrido en varios lugares. El más reciente es el concierto de un conocido “cantante cristiano” en Santo Domingo, República Dominicana, en agosto del 2011, en donde por no poderle pagarle los $10,000 pesos dominicanos que faltaban, por la poca asistencia, el cantante se negó a pasar a la plataforma, y el público indignado lo agredió, lo cual provocó un gran escándalo. Lo mismo ocurrió en Honduras en un concierto a beneficio del Proyecto Victoria, en donde al faltar una parte del dinero, que el cantante pidió antes de subir al escenario y como no se había recaudado, se negó a cantar, y para evitar el escándalo los organizadores del evento prometieron conseguirle el resto del dinero al otro día. Lo tremendo es que estos cantantes, son manchas en nuestros ágapes, estrellas errantes, como dice Judas 13.

La corrupción en el mundo de la música cristiana es alarmante. Algunos músicos andan conforme al mundo, y así actúan delante de Dios, haciendo afrenta al Espíritu Santo. Además, estos  artistas (no adoradores) introducen prácticas dudosas que no son respaldadas por las Escrituras, como por ejemplo, una vueltecita, un grito de guerra, etc. y a veces cantan canciones sin contenido bíblico, y en la cual no mencionan ni a Dios, ni a Jesús, y podría muy bien aplicársele también a una persona del mundo, como una que dice “quiero vivir pegado a tí” pero ¿quién es ese “tí”?

Estos falsos adoradores después que explotan a la iglesia, muchas veces se vuelven al mundo, o coquetean con el mismo. En una ocasión un supuesto grupo musical cristiano procedente de Argentina, y que estuvo dando conciertos cristianos en Honduras, iban conversando y burlándose de los asistentes al evento, usando palabras vulgares. En otra ocasión, un cantante mundano, que aparentemente se había convertido a Cristo, platicaba con otro cantante cristiano y le comentaba que el negocio secular estaba muy malo, pero entre los cristianos le iba muy bien.

Los conciertos cristianos tienen de todo menos adoración. Los artistas adoptan ropa, movimientos, y apariencia similares a los cantantes del mundo. Usan ropa extravagante, algunos con percing, tatuajes, cadenas, recortes de cabellos modernos, etc. En sus presentaciones usan efectos especiales de luces y humo, como en las discotecas. Además manipulan a los presentes instándole a gritar, saltar, decir palabras incoherentes, etc. Es todo un espectáculo similar a los conciertos mundanos, usando el nombre de Jesús, y convirtiendo el evangelio en un arte  profano, sin trasfondo doctrinal y alejado del principió de santidad. Se adoptan ritmos modernos, con repique extravagantes de acordes, idénticos a los grupos seculares. Los conciertos a veces son más caros que los del mundo. Algunos jóvenes no van a adorar, sino a divertirse, y las fanáticas del artista van a buscar su autógrafo. En un concierto de cierto cantante puertorriqueño, las jovencitas le tiraron al cantor ropas íntimas a la plataforma. No cabe duda que los asistentes al evento experimentan una bendición electrónica y manipulativa, pero sin experiencias profundas con Dios.

Como efecto de esta modalidad, se venden CD, camisetas del grupo, adornos e incluso objetos que supuestamente son portadores de unciones especiales. Sea llegado a una corrupción en la Iglesia cristiana evangélica peor que la que existía en la edad media dentro de la Iglesia Católica, y aun más, peor que entre los cantantes mundanos.

La culpa de todas estas estrellas errantes que mercantilizan y escandalizan el evangelio la tienen los pastores, que también buscan beneficios económicos de estos espectáculos.



Cuando el Pastor es el lobo, el rebaño solo es carne