Apóstoles en el día de hoy?

¿Apóstoles En El Día De Hoy?

En el día de hoy escuchamos a personas decir que son apóstoles. Para los que conocen la Biblia, al escuchar a alguien decir que es un apóstol debe saltar en seguida una luz roja parpadeante que dice “fraudulento”.

Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso, el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión. Un aspecto más específico de este sentido ocurre en 2 Co. 8:23, Fil. 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar, la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Yeshúa es el “misionero” enviado por Dios (He. 3:1). Como veremos más adelante, Yeshúa no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn. 20:21; Mr. 9:37; Mt. 10:40; Jn. 13.20. Yeshúa es el Enviado del Padre. 

Dado estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su “sucesión apostólica” a través de los siglos. Según los Escritos Nazarenos, los apóstoles no tienen sucesores.

La teoría de la sucesión apostólica saltó en los años 170 – 200 entre los gnósticos. Ellos tenían una tradición secreta que decía que el apostolado pasó a ellos. Los católicos también, por un tiempo, declararon que si una iglesia fue formada por un apóstol, el obispo que le remplazó a su muerte fue también un apóstol.

Junto con ser un apóstol, supuestamente va la revelación nueva. Así es con C. Peter Wagner que profesa ser un apóstol. El declara “La segunda era apostólica empezó en el año 2000”. El dice que la iglesia de hoy debe tener una “estructura jerárquica como la que tiene la iglesia Católica Romana”. Citada de un artículo escrito por Miguel Rosell Carrillo que salió en Internet. Sin duda el dice esto para abrir un lugar para él y los demás como él. En una iglesia, bíblicamente constituida, no hay lugar para apóstoles. El pretende tener una autoridad superior a la de los pastores. Tal vez ellos tenderán éxito en formar semejante jerarquía entre algunas de las iglesias pentecostales.

Algunos, que antes eran sencillos pastores, ahora han cambiado de posición y categoría. Ahora dicen que son apóstoles. Uno de los defensores de esta doctrina falsa es el Dr. Bill Haman. El dice que en los últimos 50 años Dios ha restaurado los cinco ministerios de Efesios 4:11 o sea los de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestro. Si él tiene razón ¿no tenemos razón en preguntar, por qué no hizo falta de ellos desde el principio de la historia de la iglesia?

Estos obreros fraudulentos fácilmente pueden engañar a la gente con poco conocimiento bíblico. Es lamentable que haya tantos hoy en día que dicen que son creyentes pero tienen poco conocimiento de la Escritura. Si el pastor anuncia un texto de los Salmos, ellos tienen que mirar primeramente en el índice de su Biblia para saber donde se encuentran. Es fácil convencer creyentes ignorantes que un apóstol tiene más razón y autoridad que su humilde y fiel pastor.

El apostolado se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd. 7:14, Dn. 5:24, 2 Cr. 17:7-9).

El ShaLiaJ era una especie de plenipotencia. Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a ti me recibe a mí”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en los Escritos Nazarenos (Mr. 9:37; Mt. 16:19; Lc. 10:16; Jn. 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.

Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” Hch. 1:21. Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.

Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Yeshúa (Hch. 1:21-22, 1 Jn. 1:1-4) y de su resurrección (Hch. 10:40-42, 1Co. 15).  Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Yeshúa. La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Yeshúa sigue construyendo la iglesia, Ef. 2:20.

Después, al morir los doce y Pablo, ni los Escritos Nazarenos, ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó, Hch. 12:2. El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.

Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Yeshúa y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros “apóstoles” de nuestros tiempos modernos.

Yeshúa mismo, en Apocalipsis 2:2, reconoció que habían profetas falsos. “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos”. En el tiempo de Pablo había falsos apóstoles. Pablo dijo que fueron “obreros fraudulentos”. “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles del Mesias” 2 Co. 11:13. Por eso, no debe ser una sorpresa si, en el día de hoy, algunos profesan ser apóstoles. Debemos ser prontos en declarar que son obreros fraudulentos.

No nos hacen falta más apóstoles. Es suficiente que seguimos fielmente lo que fue escrito en la Biblia por los apóstoles. El único apóstol vivo que tenemos en el día de hoy es el Señor Yeshúa El Mesías. Hebreos 3:1 dice que él es nuestro apóstol. “Por tanto hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestro profesión, Yeshúa El Mesías”. Cuando escuchas a alguien decir que él es un apóstol, inmediatamente debes pensar “fraudulento”. No malgastes tu tiempo escuchándolos en la radio. No favorezcas a ellos comprando sus libros o revistas.